jueves, 9 de marzo de 2017

Un justo reconocimiento para Cristina Heeren


Cristina Heeren es una norteamericana que vino a España y se enamoró del flamenco —“un arte único que no se parece a ningún otro”, según ella—. Tuvo y tuvimos la suerte de que cayese y se dejase asesorar por flamencos honestos que lejos de aprovecharse de la buena fe y voluntad de la que otros habrían tachado de “americana chiflada” le aconsejaron que hiciese lo que más necesitaba el flamenco: una especie de Escuela en donde se enseñase a los que quisiesen ser artistas desde foniatría hasta a mover una bata de cola. Así es cómo en 1996 nació en Sevilla la Fundación Cristina Heeren. Por ella han pasado como profesores, entre otros, nada más y nada menos que Calixto Sánchez, Milagros Menjíbar, Naranjito de Triana, Manuel Soler, José de la Tomasa, Paco Toronjo, Esperanza Fernández, Javier Barón, Eduardo Rebollar, Niño de Pura, Pedro Sierra, Paco Cortés, Arcángel, Rafael Riqueni o Miguel Ángel Cortés. En sus aulas se han hecho artistas cientos de chicas y chicos que un día soñaron con ser flamencos. Ya han pasado 20 años de aquel día y bien se merecía Cristina que se acordasen de ella. La Fundación Cajasol lo hizo anoche. Fue en los Jueves Flamencos con un acto que denominó “Homenaje a Doña Cristina Heeren” y la entrega de una preciosa estatuilla de Jesús Gavira.


Fotografía: Jaime Martínez. Cortesía de Cajasol

El acto, de una desusada duración, comenzó con las ¿obligadas? intervenciones institucionales, unas amenas y bien estructuradas notas biográficas de Manuel Curao y las palabras de agradecimiento de Cristina. Y, por fin, llegó el flamenco.

Por las tablas pasaron quienes en su día mejor aconsejaron a la neoyorquina y después más han contribuido a hacer realidad aquel ya lejano proyecto. Primero, Calixto Sánchez, un auténtico profesional del cante ya jubilado, que con la inspirada guitarra de Eduardo Rebollar hizo malagueñas, soleares, alegrías y bulerías y dio toda una lección de técnica cantaora.

Fotografía: Remedios Malvárez. Cortesía de Cajasol.

Después, José de la Tomasa, pletórico de facultades, que acompañado por José Luis Postigo, hizo tarantas, soleares, bulerías y tonás.

Fotografía: Remedios Malvárez. Cortesía de Cajasol.

El cierre lo puso Milagros Menjíbar, maestra y musa de la Escuela Sevillana, que hizo alegrías y demostró cómo se puede bailar en mujer, como ella dice, “sin apenas hacer ruido”.


Fotografías: Remedios Malvárez. Cortesía de Cajasol.

Con ella estuvieron otros tres maestros: Juan Reina y Manuel Romero al cante y Rafael Rodríguez a la guitarra.
                                                                                                                                 José Luis Navarro