domingo, 28 de agosto de 2016

¿Un cambré medieval?


Cualquiera diría que la mujer que vemos en este capitel está ejecutando un cambré, esa inclinación del cuerpo hacia atrás que se realiza en el ballet y en el baile flamenco. 


No es muy probable que sea así, entre otras razones, porque cuando se talló este capitel, allá por 1117, no existía el ballet.
Pero de lo que no hay ninguna duda es de que esta mujer con los cabellos al aire está bailando al son del arpa que le toca detrás. Lo más probable, además, es que el artesano que lo talló pensase que si la mujer se ponía derecha se daría un desagradable coscorrón con el ábaco, así que se inventó la postura que siglos después se llamó “cambré”. Así de ocurrentes y cachondos eran aquellos artesanos de la piedra que disfrutaban metiendo las más insospechadas imágenes entre los pasajes que solían representar, como en este caso, la vida de Jesús.

Dos detalles más. Este capitel pertenece al claustro del Monasterio de San Pedro el Viejo de Huesca. Y la fotografía la tomó y me la mandó mi amigo Jaime Benítez.
                                                                                                    José Luis Navarro

sábado, 27 de agosto de 2016

Estreno no anunciado en Orillas de Triana



Me lo pensé dos veces antes de salir de casa. 40 grados son muchos grados. Menos mal que me armé de valor y llegué a Triana. Me habría dado mucho coraje que después me lo contaran. Fue un estreno no anunciado. Algo inesperado y fascinante. 



Sonó la guitarra por alegrías y apareció Ángel Fariña envuelto en un mantón de Manila. Desde luego, un mantón pesa bastante menos y resulta más airoso que una capa. Y ¿quién ha dicho que un bailaor no pueda adornarse con un mantón? La condición es que sepa manejarlo debidamente y Fariña dio toda una lección. Fueron unas alegrías deslumbrantes en su audacia. Unas alegrías que rezumaban todo el desparpajo y la gracia de un baile de fiesta. Una gozada verlas.


Antes, Maise Márquez había fundido la belleza plástica de la escultura flamenca con la jondura del mundo de la mina por tarantos.


 Y Rocío La Boterita se había acordado de su tierra con unas sentidas malagueñas. ¡Que voz más bonita tiene! Y para principiar Javi Gómez había llamado a los duendes por bulerías. Y, por supuesto que los duendes se asomaron a las cristaleras del tablao para ver también cómo Ángel Fariña jugaba con el mantón.

                                                                                                         José Luis Navarro

jueves, 26 de mayo de 2016

Cierre de lujo en los Jueves Flamencos de Cajasol



Pero, ¿quién ha dicho que en cante flamenco está todo inventado? Sí es cierto que es un género en el que cuesta crear novedades. Mucha culpa de ello tienen los que se autodefinen como “puristas” que, como mucho, solo admiten que un cantaor imprima a su cante el sello personal de su voz. Pero, claro, como en tantas otras cosas, están totalmente equivocados. En el cante flamenco, como en cualquier arte, sí se pueden aportar novedades. Lo demostraron anoche, Esperanza Fernández y Miguel Ángel Cortés. Con ellos, oímos cosas que no habíamos oído antes. Y eso es, sin duda, aportar novedades.

Fotografía: Jaime Martínez
Esperanza quiso traer a la Sala Chicarreros un concierto tradicional y así lo empezó y así lo terminó, acordándose primero de las peteneras que su padre, Curro Fernández, le hacía a Manuela Vargas allá por los setenta y cerrando con las bulerías de La Paquera, como ella las hacía, al 7 por medio. En medio, de todo, unas alegrías de La Perla y, como novedades, el ensamblaje de cantes de distintas sonoridades, auténticas composiciones musicales de nuevo cuño. La minera del Cojo de Málaga con el taranto que hacía Camarón, la soleá de Triana con la caña, la milonga de Marchena con la guajira, la mariana y los tangos de Granada y una combinación espectacular: la seguiriya cabal de Silverio hecha por martinete, las seguiriyas de Francisco la Perla (“Por los siete dolores”) y Manuel Torre (“Eran dos días señalaítos”), la serrana clásica y, como remate, el fandango de Frasquito Yerbabuena. Todo un recital de lujo.

Fotografía: Remedios Malvárez
Con Esperanza estaba la guitarra que se ha hecho imprescindible para ella, la de Miguel Ángel Cortés, y la percusión de Dani Bonilla y Jorge el Cubano con el debut del pequeño Miguel Junior.

Fotografía: Remedios Malvárez
 Se cerraba así, por todo lo alto, el ciclo de invierno de los Jueves Flamencos de Cajasol.

                                                                                                        José Luis Navarro

martes, 24 de mayo de 2016

"Cañadú" para cerrar Flamenco viene del Sur



Juana la Tobala y Pedro Sierra cerraron con “Cañadú” el ciclo “Flamenco viene del Sur” en el Teatro Central. Contaron con una colaboración muy especial: la bailaora Luisa Palicio.

Empezaron los tres, acompañados por Manuel Romero y Juan José Amador con una imagen de antaño, posando como se hacía en los cuadros de los cafés del XIX. Comenzaron por seguiriya y la guitarra, personal y rotunda de Pedro Sierra se adueñó del escenario. Siguió él solo por soleá con un toque que dedicó a Paco de Lucía.

Imagen de Archivo
La Tobala hizo tientos-tangos, se lució por una caña que remató con el polo. Después le tocó el turno a las alegrías. Primero La Tobala y luego Luisa Palicio, que hizo un alarde de dominio de mantón y bata de cola. ¡Qué bien baila esta malagueña! 

Imagen de Archivo
Y por malagueña siguió Juana, para de inmediato acordarse de su tierra por tangos. 

Imagen de Archivo
Seguidamente otro número a tres: Sierra, Tobala y Palicio por garrotín. Una exquisitez. Y para terminar, unas bulerías con las palmas de Jardanay y Joselete Montoya que cerraron Sierra, Tobala, Palicio, Amador y Romero con la misma pose con que habían abierto el concierto.

                                                                                                           José Luis Navarro

jueves, 19 de mayo de 2016

De fiesta en Cajasol



Anoche asistimos a la presentación oficial de Bellavista, la ópera prima de Juan Murube. Una obra tan personal como personal es el cante de Juan. Y es que Juan Murube es un artista que canta como siente. Por eso, cada actuación suya es única. Hay en su cante una divina anarquía que lo convierte en un cantaor irrepetible. Muy recientemente le hemos escuchado la guajira “En la feria del cariño” en tres ocasiones: en la presentación del disco en el Instituto Andaluz de Flamenco, en el propio disco y anoche en la Sala Chicarreros y han sido tan iguales como distintas. Así es Juan Murube. Lo más alejado de un autómata. Un artista que le gusta lo que hace y que lo disfruta. Un poco más y anoche hay que llamar a la policía para conseguir que se bajase del escenario. Estaba tan contento como un niño chico con un disco nuevo. 



Bellavista —el barrio sevillano donde Juan Murube ha nacido, se ha criado y se ha hecho cantaor— es una obra espléndida que ha nacido poco a poco. El trabajo acabado de un cantaor hecho y derecho, realizada a lo largo de muchos meses de dedicación y de amor al cante. Un trabajo que ve la luz cuando Juan, exigente consigo mismo, siente que ya ha alcanzado la suficiente madurez para que su voz y su música queden registradas.


Por soleá con Rafael Rodríguez

El concierto comenzó, sobre una perfecta y precisa estructura rítmica, con unas bulerías, “Bellavista”, dedicadas a su gente y a su barrio. Luego, Rafael Rodríguez le llevó por soleares trianeras por los caminos de la más avezada tradición con “Triana”. Por guajira, “En la feria del cariño” —uno de los temas más llamativos del disco—, se desmelenó musicalmente, identificándose totalmente con aires y cadencias típicamente caribeñas y lo mismo haría por rumbas con “Los amantes”, derrochando en ambos temas arrobas de fantasía. Siguieron unos tangos, “De mi alma”, con los que Juan Murube fue creando sus propias melodías. Rafael Rodríguez y Chupete nos regalaron una zambra, mientras Patricio Hidalgo dibujaba en directo sobre el telón de fondo del escenario rostros y más rostros que salían unos de otros. Murube se metió en los terrenos de la seguiriya, empezando por la del Marrurro para cerrar con la que ha incluido en su disco, “Consejillo de Sor Juana Inés”, aconsejando cuidados a jóvenes enamoradas. A continuación se sumergió por tientos en una fantasía con ecos norteafricanos e hindúes que José Cenizo ahormó a lo castizo con letras que sonaban a siglos atrás. Después volvió a hacernos otro regalo: unas alegrías con un Rafael Campallo que le tiraba continuos pellizcos al cante gaditano. Le tocó el turno a las rumbas del disco y cerró la presentación con una canción en compás de bulería lenta, “Nuestras vidas”, inspirada en unos versos del poeta mejicano Luis González Urbina.


Por seguiriya con Daniel Casares

Pero como Juan estaba tan a gusto, la fiesta siguió por bulerías y el padre de la criatura discográfica se volvió a desmelenar y cantó y se dio sus pataítas. Y, claro, después de él no era fácil que nadie se librase de pasar por ese trance jubiloso. Por supuesto, Campallo se dio la suya e Inma la Carbonera también y, para mi sorpresa, porque era la primera vez que lo veía, Rafael Rodríguez fue quien puso fin a esta gozosa celebración dándose la suya.

Rafael Campallo por alegrías

Acompañando a Murube estuvieron Rafael Rodríguez, una prestigiosa guitarra que hoy enriquece el cante y el baile de los primeros nombres de la nómina de artistas flamencos, y Daniel Casares, una joven sonanta con mucho que decir en el panorama actual y futuro de lo jondo. Y con ellos un grupo de músicos con los que él se identifica y que le permiten componer su música: las guitarras de Rubén Romero y de Simone Mor, el bajo de Jesús Garrido, el saxo de Miguel Ángel Candela, el teclado de José Antonio Moya, la percusión de David “Chupete”, la voz y palmas de Inma la Carbonera y el baile de Rafael Campallo.


                                                                                                                         José Luis Navarro
                                                                                                               Fotos: Remedios Malvárez