jueves, 22 de febrero de 2018

María José Pérez canta con el corazón


Anoche presentó María José Pérez (Almería, 1985) “Trazos”, su primer trabajo discográfico. Fue en la Fundación Cajasol y lo hizo con absoluta fidelidad al contenido del disco. Para ello, no reparó en gastos y apareció en el escenario acompañada de cuantos la han arropado musicalmente en la elaboración de este proyecto: la guitarra de su productor José Quevedo “Bolita”, el piano de José Carra, la percusión de Paquito González, el bajo de José Manuel Posada “Popo”, los coros y palmas de Víctor Carrasco y Laura Marchena, y un quinteto de cuerda formado por Fernando Cornejo y Valentín Sánchez (violines), Almudena García (viola), Paloma García (chelo) y Javier Rodríguez (contrabajo).


Fotografías: Remedios Malvárez. Cajasol.
“Trazos” es un retrato musical de María José García. Ahí está su pasado y su presente. Y ahí se asoma su futuro.


Fotografía: Jaime Martínez. Cajasol.
Hay temas clásicos (alegrías, granaínas, soleá por bulerías, bulerías, fandango minero y taranta) interpretados como manda la tradición. Hay inspiradas recreaciones personales (sevillanas, farruca —el tema que más me gustó—  y zambra). Y no faltan ni la canción, “Vida loca” de Francisco Céspedes, ni el tango argentino, “Nostalgias”. Unas veces escuchamos ecos lejanos de Vallejo, Fernanda, Caracol o Carlos Gardel. Y siempre está la inspiración y la orientación artística de “Bolita”.

Fotografías: Remedios Malvárez. Cajasol.
En todos demostró María José un excepcional dominio técnico (afinación, vocalización, potencia) y todos sonaron flamencos, tanto si los acompañaba una guitarra como un quinteto de cuerda, porque en todos puso María José el corazón. Y esa es la esencia de lo jondo.
Una nueva apuesta de Cajasol por los jóvenes y un nuevo éxito de programación y de público.
                                                                                                                        José Luis Navarro

martes, 20 de febrero de 2018

Un acto de valentía y el ejercicio de un derecho


Rosario Guerrero “La Tremendita” (Triana, 1984) lleva el Flamenco en los genes. Flamenco es su padre, José el Tremendo. Flamenca era su bisabuela, Enriqueta la Pescaera. Flamenca era su tía abuela, La Gandinga. Desde bien niña canta Flamenco. Se ha hecho cantaora en peñas, festivales y concursos. Ha cantado atrás y alante. Nadie le puede negar su conocimiento de los cantes.
A sus treinta y pocos años ya ha recibido importantes reconocimientos en el mundo del flamenco. En 2002 logra el Premio Joven en el Festival “Antonio Mairena”. En 2004 se hace con el Premio Nacional Manolo Caracol del XVII Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba. “A tiempo” (2010), su primer trabajo discográfico, recibe el Premio Flamenco Hoy al Mejor Disco de Cante Revelación y “Fatum” (2013), su segundo, es finalista en los Grammy latinos en la categoría de Mejor Álbum Flamenco.


Pero La Tremendita es una persona inquieta y valiente que no se conforma con repetir una y otra vez los mismos sones y las mismas melodías de siempre. Le bullían otras músicas y otros sonidos en la cabeza y se decidió a dar un paso adelante, a experimentar con ellos. Tenía y tiene todo el derecho del mundo, porque el arte no es, ni debe ser, una mordaza. Y jugó con la música electrónica. Le gustó. Y acopló lo que ella sabía y dominaba, el Flamenco, a esos sonidos. Y nació “Delirium tremens”. Fue, en palabras suyas, “un placer prohibido”, al que ha dedicado los últimos 4 años. Durante ellos ha recorrido un camino que, según ella, va del Caos y su aceptación (Fuga) al Tedeum o celebración jubilosa, pasando por el aprendizaje (Ahínco).


En el Teatro Central, acompañada de sintetizador y guitarra eléctrica y la presencia física de dos extraordinarios músicos, Pablo Martín Jones (batería) y Pablo M. Caminero (contrabajo y bajo) y la participación en un par de temas de José Acedo (guitarra), presentó este singular trabajo. Ella hizo, a su manera, taranta, fandangos abandolaos y de Huelva, soleares alfareras, un polo con aroma y estribillo caribeño, pasodoble, serrana, tangos con dos tercios de mariana, un cante arromanzado, unos tientos apenas reconocibles y unas bulerías para cerrar.


Unos temas absolutamente personales en los que ella demostró sus excepcionales dotes como cantaora —conocimiento de los estilos y una sin par afinación, no así la vocalización— que llevan el Flamenco a una nueva dimensión: un Flamenco electrónico con una peculiar sonoridad que, para nosotros, se aviene mal con los sentimientos que el Flamenco transmite, ya que los enmascara y ahoga en un entorno musical ensordecedor.
                                                                                                   José Luis Navarro
                                                                                            Fotos: Remedios Malvárez

viernes, 16 de febrero de 2018

Dos voces gitanas en cajasol


No se puede empezar con mejor pie. Pedro el Granaíno y Antonio Reyes  dieron un recital de auténtico lujo. Fue un mano a mano de dos superdotados y de dos comarcas y tradiciones cantaoras: Granada y Cádiz. Dos cantaores que conjugan, en la plenitud de sus carreras artísticas, poderío y maestría. Dos voces gitanas a cual más flamenca.
Pedro Heredia Reyes (Granada, 1973) dejó la venta ambulante para regalar sentimientos. Y a eso se dedica. Nos sobrecogió por soleá, nos cautivó por tientos, cambió la granaína anunciada en el programa por una bella composición que principió con unos versos de la “Nana del caballo grande” de Camarón, siguió con la taranta “Eres hermosa” del Cojo de Málaga y remató con la cartagenera clásica de “Los pícaros tartaneros”. Nos metió el corazón en un puño por seguiriya y remató armando el alboroto por tangos, acordándose de Remedios Amaya y del “Lenguaje de las flores” de Enrique Morente.


A su lado estuvo Antonio Patrocinio, que dio toda una lección  de acompañamiento creativo.


Antonio Reyes Montoya (Chiclana, 1975) derrochó sabiduría —hasta se dio cuenta de que después de la actuación de Pedro había que esperar que se enfriase un poco el patio y dejó transcurrir exactamente 7 minutos y medio antes de aparecer en el escenario— y convenció también al respetable, eso sí, con otro metal de voz, más agudo y marinero, y otra herencia cantaora, caracolera y gaditana. Empezó por zambra, acordándose de Caracol y su  “Gitana blanca”. Se ganó al público por tangos. Interpretó, entre otros, los extremeños que solía hacer La Marelu (“De Badajoz yo me he venido”) y los que llevan el sello de Camarón (“Me critican porque bebo”). Hizo soleá y se metió de lleno en la bahía por alegrías, que remató por bulerías.


Le acompañó a la perfección un inspiradísimo Diego del Morao.


El compás y las palmas las pusieron Tate Núñez y Manuel Vinaza.
Fuera de programa, Pedro, Antonio, Diego y Patrocinio se hermanaron por fandangos que terminaron a dúo.





Un colosal comienzo para los primeros Jueves Flamencos de 2018.


                                                                                             José Luis Navarro & Eulalia Pablo
                                                                                               Fotos: Jaime Martínez. Cajasol

martes, 13 de febrero de 2018

¿Qué viene del sur?


Yo debo ser un tío muy raro. Eso dice mi vecina. A ella no le cabe en la cabeza que a una persona le pueda gustar a un tiempo el Flamenco y la Música Clásica. Para mí tanto monta Antonio Mairena como Amadeus  Mozart, por citar dos nombres ilustres de ambas músicas. Pero eso no es todo. A mí Mahalia Jackson me emociona tanto como Fernanda de Utrera. Y no digamos Whitney Houston. Con ella muero.


Evidentemente, cuento estas cosas porque a mí me gustó el concierto que dio Raúl Rodríguez anoche en el Teatro Central. Mario Mas, Aleix Tobias, Pablo Martín Jones, Guillem Aguilar, Jordi Fornels, Paco Pavía, Marco Vargas y Raúl desataron un torbellino rítmico que puso patas arriba el patio de butacas del local del extrarradio trianero. Ellos lo llaman “afro-flamenco-eléctrico”. Yo lo llamaría jazz andaluz. Pero, en definitiva, Raúl estuvo pletórico en plan showman. Marco estuvo genial en sus pataítas. Eso sí, flamencas. En realidad, todos, cada uno en su papel, estuvieron sembrados. Bueno, si he de ser sincero, Mario debe practicar mucho más su soleá eléctrica.
Pero, al fin, cualquiera se puede preguntar “Esto, ¿es flamenco?” Pues no. Eso no es flamenco. Y la segunda pregunta se ve venir: “Pues, si no es flamenco, ¿qué pinta en un ciclo que se denomina «Flamenco viene del sur»?” Bueno, ya se sabe que los políticos hacen lo que les da la gana. Y puestas así las cosas, yo les pediría que trajesen también a estas tablas antes de que nos deje a la octogenaria Roberta Flack, que ha hecho historia en el jazz, en el soul, en el rhythm & blues y en el folk, y luego que cada uno diga lo que le parezca.
                                                                                                                       José Luis Navarro



miércoles, 7 de febrero de 2018

Duquende y Dani de Morón en el Teatro Central


Comienza Flamenco viene del Sur 2018 en manos de Duquende y Dani de Morón con el Teatro Central de Sevilla lleno. Sobre las tablas cuatro sillas esperan que el respetable se acomode para que comience el cante. Aparecen Dani de Morón, guitarra en mano, y Duquende con su característico sombrero.




Suenan los primeros acordes para un discreto taranto rematado por cartagenera camaronera. Tras los primeros aplausos se unen “los mellis” acompañando una soleá por bulerías en las que escuchamos a un Duquende con una voz vieja, bien afinada y muy personal, a lo que le siguen unas alegrías con las que termina lo que podríamos denominar la primera parte del cante esta noche.


Dani de Morón se queda solo en el escenario para deleitarnos con una espléndida farruca seguida por un toque por soleá.


La segunda parte del cante comienza con el tema “Lo bueno y lo malo”, canción por bulerías que interpretaba Duquende allá por el 1993 con Tomatito. Después de unas seguirillas llega lo que en mi opinión fue el mejor cante de la noche, unos tangos con mucho sabor, para cerrar después con unas bulerías.


Con esto queda inaugurado este ciclo.

                                                                                    Rocío Navarro

sábado, 23 de diciembre de 2017

Pepe Habichuela y sus amigos en el Maestranza


Cuando apenas hace un par de meses de la celebración que los flamencos hicieron en el Teatro Circo Price madrileño de los 60 años dedicado a la guitarra del maestro granadino y justo un mes desde que fuese retransmitito por RTVE, se asoma Pepe Habichuela al Maestranza sevillano. En Madrid a lo largo de tres días recibió el cariño y el respeto de jóvenes y veteranos. Allí estuvieron con él El Pele, José Mercé, Antonio Canales, Miguel Poveda, Juan Carmona, Juanito Macandé, José el Francés, Tomatito, Arcángel, Jorge Pardo, Niña Pastori, Estrella, Soleá y Kiki Morente, Josemi Carmona, Pepe Luis Carmona, Israel Galván, Farruquito y Silvia Pérez Cruz.
En Sevilla ha vuelto a sentir ese mismo respeto y aprecio de un público entregado desde el primer momento en que su guitarra iniciase la soleá, su soleá. En esta ocasión, Habichuela vino de Granada acompañado de los suyos: su hijo Josemi, Bandolero, Antonio Campos, Alba Heredia y Kiki Morente. Aquí se les incorporó Pedro el Granaíno. Luego, llegaron al escenario del Maestranza dos invitados de lujo, dos guitarras sevillanas, Rafael Riqueni, el maestro de Sevilla, y Dani de Morón, la joven promesa. Y empezó la función.
Habichuela hizo su soleá, subió la temperatura del auditorio acompañando la voz de Enrique Morente con la malagueña del Mellizo —prodigios de la tecnología—. Luego haría también la cabal, sacándole a su sonanta todo el sabor del cante añejo con los ecos de la música flamenca más actual. Un toque que a sus más de setenta años rebosa juventud y vigor. Antes de tomarse un pequeño descanso, acompañó a su “sobrino” Kiki Morente —el mismo eco que su padre— por seguiriyas.
Después, Josemi Carmona, con la misma escuela musical del suyo —a destacar su granaína—, le sustituyó como anfitrión y siguieron actuando amigos, “los chabales jóvenes” que Pepe “se había traído de Graná” y los que se incorporaron a la troupe en Sevilla: Alba Heredia con Antonio Campos que hicieron taranta y tangos con toda la esencia del Sacromonte, Pedro el Granaíno que se acordó al alimón de Morente y de Camarón con La leyenda del tiempo, Diego de Morón que lució su virtuosismo técnico,  y, aquí y allá, Bandolero puso exquisitos toques de metales y tambores.
El broche final lo puso Rafael Riqueni con una taranta. Después se juntaron los dos maestros y a dúo siguieron haciendo las delicias del respetable.
Un homenaje memorable para una guitarra inolvidable.
                                                                                                                        José Luis Navarro

jueves, 14 de diciembre de 2017

Choni y David Pérez reinventan el baile de pareja


Hoy que tan poco se prodiga el baile de pareja en los escenarios flamencos cuesta trabajo calificar lo que anoche hicieron Choni y David Pérez en la Sala Chicarreros. ¿Acto de valentía? ¿Divina locura? Seguro que ambas cosas. Es cierto que en la historia del baile flamenco existen modelos difícilmente superables para este tipo de creaciones. A la memoria nos viene aquella seguiriya que hiciesen Antonio y Rosario para Niebla y sol de José María Forqué. Pero lo de Choni y David nada tiene que ver con ella. Los dos sevillanos se lanzaron al vacío y reinventaron el baile de pareja. Fue un magistral derroche de imaginación y virtuosismo.
Foto: Remedios Malvárez. Cajasol
Envuelto todo con música electrónica y un perfecto engranaje de estilos que se sucedían uno a otro sin rupturas ni cortes perceptibles (farruca-rumba-cartagenera-levantica-seguiriya-martinete-granaína-caracoles-caña) hicieron toda una exhibición de coordinación, armonía, arte y dominio técnico.
 
Fotos: Jaime Martínez. Cajasol
Los dos movieron faldas (David bata de cola, Choni alámbrica). Los dos dieron una lección de palillos. Los dos lucieron pies. Los dos jugaron con el mantón. Y David hizo auténticas diabluras con el bastón. Bailaron juntos y alternando poses esculturales con inspirados movimientos llenos de delicadeza y expresividad.
Foto: Jaime Martínez. Cajasol
Después de este alumbramiento artístico queda bien claro que, aunque parezca casi imposible, todavía se puede seguir inventando en el baile sin salirse de los cánones clásicos. Lo demostraron Choni y David Pérez.
Atrás vinieron muy bien arropados con Raúl Cantizano, director musical del espectáculo y una espléndida guitarra, y Javier Rivera, una buena voz.
Enhorabuena a los cuatro.
                                                                                                        José Luis Navarro