sábado, 21 de octubre de 2017

"... Aquel Silverio", estreno en Sevilla



Por fin pudimos ver en Sevilla “…Aquel Silverio”, estrenado en Jerez el pasado 24 de febrero. Una obra equívoca. Su autor la define como “un proyecto coreográfico, musical y flamenco sobre la figura, aportación, labor y repertorio de este gran artista, aunque después  la llama “fantasía coreográfica, musical y flamenca sobre Silverio Franconetti” y matiza “alejada del orden cronológico, de la recreación literal de épocas o de la creación teatral y coreográfica sobre su biografía”. Y eso es en definitiva lo que vimos anoche en el Teatro Central, una obra que inspirándose en ese cantaor, reinventa bailes de ayer y estrena coreografías de bailes que nadie interpretaba en tiempos de Silverio. La seguiriya de Nani Paños —un baile con toques de acrobacia y poca profundidad— es lo más llamativo en este sentido. Silverio hizo de ella un monumento al cante, pero a nadie se le ocurrió bailarla. Lo hizo Vicente Escudero ya bien entrado el XX y le dieron forma definitiva años después Rosario y Antonio (Véase Niebla y sol de José María Forqué. Merece la pena).

Silverio Franconetti (1831-1889)
“… Aquel Silverio” es un espectáculo algo desigual. Estévez ha conseguido hacer de su cuerpo de baile un conjunto de solistas que alcanzan momentos de una inusual brillantez con coreografías vibrantes, dinámicas, incluso vertiginosas. Hay también momentos menos afortunados. Unos rinden culto al ego del onubense y otros resultan algo deslavazados —parte de la estampa tauro-flamenca—. En conjunto una obra de prácticamente dos horas de duración que quedaría redonda si se redujese en 30 minutos.
Mención especial merece un magnífico cuerpo de baile formado por Sara Jiménez, Macarena López, Irene Correa, Nadia González, Carmen Yanes, Eduardo Leal, Martí Corbera, Borja Cortés y Alberto Sellés. En él destaca, eso sí, Sellés, que no solo baila sino que es además capaz de hacerse sus cantecitos derrochando eso que todos conocemos por flamencura. Asimismo sobresale Valeriano Paños, el bailarín principal, que eleva el canon de la elegancia en cada movimiento que hace.

Valeriano Paños
Completan el elenco las voces de Sebastián Cruz, José Luis García ‘Cheito’ y José Luis Pérez-Vera y las guitarras de Manuel Urbina y Pau Vallet.
Justo es también destacar la música de Jesús Guerrero con el asesoramiento de Guillermo Castro Buendía.
                                                                                                                    José Luis Navarro

jueves, 5 de octubre de 2017

Argentina, nacida para cantar


Anoche presentó Argentina en el patio de la Fundación Cajasol su quinto trabajo discográfico, “La vida del artista”. Posiblemente era el lugar apropiado para el lucimiento de la portada del disco, obra de Francisco Javier Rodríguez, ganador del concurso convocado para ello por la onubense con un premio de 3.000€, pero sin duda el menos adecuado para un recital de cante, dadas sus escasas condiciones acústicas. Estamos convencidos de que Félix Vázquez, sin duda uno de los mejores técnicos de sonido actuales —para nosotros el mejor—, tuvo que hacer verdaderas diabluras para que pudiésemos disfrutar de la voz de la cantaora.
Fotografía: Jaime Martínez. Cortesía Cajasol.
Argentina ha nacido para cantar. Tiene una voz auténticamente portentosa. Una voz en la que viven los sonidos calientes de lo jondo. Una voz tan pletórica como versátil. Un prodigio de poderío y sensibilidad. Con ella materializa su vasto conocimiento del flamenco de ayer y del flamenco de hoy. Con ella se acerca a otras músicas hermanas: el fado portugués y el tango argentino. Con ella aúna el rigor de la estudiosa y la creatividad de la artista.
Fotografía: Jaime Martínez. Cortesía Cajasol.
Argentina se vació en un concierto en el que interpretó nada más y nada menos que los 18 temas del disco. Un recorrido por todas las posibilidades expresivas del cante, desde los palos clásicos (alegrías, tangos, tanguillos, fandangos,  tarantos, guajira), algunos en desuso hoy (mariana, romance, temporeras y cantes de trilla), hasta reelaboraciones propias, como esa seguiriya a palo seco que curiosamente denominó “vintage”, esa nana por soleá o ese polo al piano de don Manuel de Falla. Un disco y un concierto en el que no faltó un recuerdo-homenaje a quien la puso en el camino del flamenco, el maestro Carretero.
Fotografía: Remedios Malvárez. Cortesía de Cajasol.
La acompañó una pequeña orquesta formada por las guitarras de José Quevedo “Bolita” y Jesús Guerrero, el piano de José Carra, el contrabajo de Alejandro Tamayo y la percusión y las palmas de los Melli y Javier Teruel.

                                                                                          J L Navarro & E Pablo

miércoles, 27 de septiembre de 2017

No se puede bailar mejor


Ángeles Gabaldón recreó el baile flamenco de mujer sobre las tablas de la Peña Torres Macarena. Puso imaginación y elegancia, las fundió con la pasión y el fuego de lo jondo y construyó un modelo insuperable del baile de Sevilla. Primero sorprendió a toda la concurrencia con un taranto antológico y después nos hipnotizó con unas alegrías sublimes. Hizo auténticas exquisiteces y diabluras con el mantón y la bata de cola, dando una lección magistral de lo que hoy se conoce como Escuela Sevillana. Qué pocas veces se vive hoy un encuentro con el arte como el que propició anoche Ángeles. No cabía un alfiler en la Peña Torres Macarena y la bailaora nos encandiló y nos sedujo absolutamente a todos.


Venía además arropada con un atrás de verdadero lujo: dos auténticos maestros, Juan Reina y Antonio Gámez, y una joven promesa, el Niño de Gines.
Fue la cara de una moneda tirada al azar. La cruz la puso el Ayuntamiento de Sevilla forzando la dimisión del recién nombrado director de la Bienal a base de impedir y torpedear su trabajo. Cuidado con estos politicastros. Son capaces de cargarse con su estupidez e ignorancia lo que, gracias a personas como José Luis Ortiz Nuevo,  ha llegado a ser el mayor acontecimiento del mundo flamenco. Pero de esto hablaremos otro día.
                                                                                                                 José Luis Navarro

domingo, 23 de julio de 2017

"La voz vivida" de Antonia Contreras


La voz vivida de Antonia Contreras es el testimonio de muchos años de estudio y dedicación al Flamenco. Un disco de hechuras clásicas, concienzudo e impecable, y un tributo de su amor por el cante.

En nueve temas, Antonia hace un recorrido magistral desde la canción por bulerías (“Detrás de una canción”) a las mineras que le valieron en 2016 la Lámpara del LVI Festival del Cante de las Minas de La Unión (Murcia), interpretando cada cante con la precisión de un relojero y la pasión de una enamorada. Reconstruye la historia de la malagueña (“Málaga de raíz”), remontándose a fandango verdial[1] y los cantes de Juan Breva para llegar a La Trini. Viaja a Extremadura para acordarse de Porrinas de Badajoz y de La Marelu por tangos (“Dos sendas y un horizonte”). Reivindica el papel de la mujer en el cante reviviendo las soleares de La Gilica[2], Teresa Manzzantini, La Roesna, La Andonda y La Serneta (“Soleá, tú eres mujer”). Hace una guajira con ecos de El Piyayo (“Del Piyayo y La Guajira”). Se luce por granaínas (“Aprender de nuevo”) y compone música por cantiñas, con una introducción por rosa, la cantiña de La contrabandista y un cierre por mirabrás con un paseo por Málaga (Jardines de la Alcazaba, calle Larios, plaza de la Mercé, La Caleta, Barrio de la Victoria, Paseo del Limonar, Castillo de Gibralfaro, el Puerto, la Catedral) con letra suya y de Juan Ramón Caro (“Arena dulce”). Da vida al tango que Carlos Gardel grabase en 1916 con el título de “Mi noche triste” y que Manuel Vallejo llamó vidalita en 1927 (“Ausencia”). Y cierra con unas versiones insuperables de la minera de Pencho Cros y de la de Encarnación Fernández (“Luz en «Las Minas»”).
Son nueve cantes modélicos que Antonia actualiza con letras de hoy. Las firman José Javier Portillo (1), Salvador Pendón (2, 3, 4, 5, 6 y 8), Francisco Acosta (9), Juan Ramón Caro y ella misma (7).
Capítulo aparte merece la guitarra que la acompaña. Una sonanta creativa, inspirada y exquisita. Juan Ramón Caro renuncia al lucimiento personal para mimar a Antonia. Su toque es un acto de amor al cante. Una lección de guitarra que admite gustosa en su música las notas del piano de Alfonso Aroca (tema 8), el violín de José Gregorio Lovera (temas 3 y 5) y las palmas de Abel Harana y David el Galli (temas 1, 2, 3, 5 y 7).
Acompaña el CD un cuadernillo con un texto de Lourdes Gálvez del Postigo que ofrece interesantes pormenores de su contenido.
La voz vivida de Antonia Contreras es, pues, un magnífico trabajo que hemos disfrutado con fruición y que recomendamos encarecidamente.
                                                                                                                      José Luis Navarro



[1] La acompaña la Panda de Comares con Juan Carlos Moreno (violín), Juan José Moreno (bandurria), Juan Gabriel Gómez (laúd), Antonio Martín y Juan Moreno (guitarras), José María Moreno (pandero), Juan Moreno y Juan Carlos Moreno (platillos) y Toñi Castillo (castañuelas).
[2] Algunos escriben su nombre con “j”, La Jilica.

domingo, 25 de junio de 2017

UN ESPECTÁCULO ELEGANTE Y COMPETENTE


Espectáculo: “¡Viva el café cantante! Una noche al Silverio y otra al Burrero”, conferencia ilustrada. Baile: Malena Alba y Gloria García de Castro. Cante: Edu Hidalgo. Toque: Javi Gómez. Regidora: Rocío Navarro Pablo. Presentadora: Eulalia Pablo. Textos: José Luis Navarro. Clausura del V Taller anual de posgrado de Estudios avanzados de flamenco, Salón de Actos de la Facultad de Ciencias de la Educación, Sevilla, 23 de junio de 2017.                        

Por fin hemos podido ver este espectáculo, del que habíamos oído buenas críticas. Viniendo de la mano del notario mayor del baile, José Luis Navarro, no cabía esperar más que lo que vimos: un espectáculo hermoso, bien medido en tiempo y forma, variado, inteligente, elegante, preciso en la consecución de sus fines didácticos y artísticos. La idea es ofrecer en breves pinceladas, con la palabra de la investigadora y profesora Eulalia Pablo, como narradora certera, un acercamiento a la historia de los cafés cantantes, especialmente Silverio y El Burrero.



En hora y pico --aunque faltaba una actuación más, la de la bailaora Ana Moya, habitual en el espectáculo, ausente por motivos personales--, dejándonos la miel en los labios, sabiendo a poco, se nos ofrece inicialmente, para abrir boca, un baile por alegrías con las dos bailaoras en perfecta armonía y con mucho gusto.






Un toque por granaína de Javi Gómez nos relaja con riqueza de matices después de la explosión de picardía y movimiento de las alegrías. Muy bien Javi en todo momento, como el cantaor Edu Hidalgo, entregado y aceptando retos como el de la seguiriya en estilos de gran dificultad (“Siempre por los rincones / te encuentro llorando…”), que siguió a las guajiras para alarde de Malena Alba.


José Miguel Díaz Báñez, director del proyecto COFLA, proyecto de excelencia de investigación flamenca de la Junta de Andalucía, nos decía entusiasmado “Esta chica ha nacido para la guajira”. En efecto, en la línea magistral de una Merche Esmeralda, Malena eleva a categoría suprema la guajira, con una gracia de movimientos, con un manejo del abanico, con una variada faceta de expresiones de baile y de emoción que nos deja una estampa única para el recuerdo.



Como cierre de esta velada tan grata y convincente, la soleá, que no podía estar ausente, en estilos alcalareños (“Es verdad que yo tenía / una quejita con Dios…”) o gaditanos, con remate de jaleos. Ahí está Gloria esta vez con cola y mantón, para bordar un baile que sabe a toda la tradición de la escuela sevillana (Matilde Coral y Milagros Mengíbar de referentes aún presentes).
En conjunto, sin duda un espectáculo que aúna con competencia la investigación y didáctica con lo artístico, una hora y cuarto que jamás decae en intensidad y valor flamenco, un recorrido por variados estilos que ilustran la variedad del flamenco desde la seguiriya o la soleá a la guajira o las alegrías. Pura delicia que merece ser ofrecida en todos los rincones donde haya interés por el flamenco de calidad y hecho con elegancia. Ah, y con jóvenes como estos el flamenco seguirá presente y eterno.
                                                                                                              José Cenizo Jiménez




martes, 20 de junio de 2017

José Anillo y Rafael Rodríguez, juventud y maestría


Cante y toque unidos para festejar el flamenco clásico. José Anillo (Cádiz, 1978) se asomó a sus raíces gaditanas para demostrar que el cante antiguo, si se hace como mandan los cánones, sigue completamente vivo. Anillo dio un recital a base de cantes básicos (tientos-tangos, malagueñas, soleares, seguiriya, alegrías y bulerías).



Fotografías: Jaime Martínez. Cajasol
Los vivió y los sintió. Y puso verdad en su cante. Verdad, conocimiento y buen gusto. Ofreció un recital espléndido. Lo tituló “Beduino”, porque en Cádiz llaman “beduinos” a los que viven en Puerta Tierra y allí es donde nació José.
Fotografía: Remedios Malvárez. Cajasol.
Rafael Rodríguez dio toda una lección de cómo se acompaña el cante. Llevó a Anillo en volandas, mimándole y acunando su voz. Luego, se vino adelante y pasó del acompañamiento al concierto, regalándonos una original y magnífica zambra.
Fotografía: Remedios Malvárez. Cajasol.
Compartieron con ellos tablas el sanluqueño Abel Harana al baile, Daniel Herrera “El Mojarra”, Roberto Jaén y Rafael Ramos a las palmas. Todos estuvieron sembraos.
Muy buen flamenco para el "Ciclo Músicas" de Cajasol.
                                                                                                                José Luis Navarro

domingo, 11 de junio de 2017

PURO PELE PURO: POR PELERÍAS


Concierto de cante flamenco “Puro Pele”. Ciclo: Jueves Flamencos, de Cajasol. Cante: El Pele. Toque: Niño Seve. Percusión: José Moreno. Palmas: Fali el Eléctrico y Ezequiel Montoya. Sevilla, 8 de junio de 2017.

La noche del recital de este señero cantaor, Manuel Moreno Maya “El Pele”, Compás del Cante entre muchos grandes premios, parecía que empezaba con alguna contrariedad. Sale El Pele algo serio, con las manos en los bolsillos, comprueba que su micrófono no funciona (o no como quisiera) y a partir de ahí la noche se enciende. El Pele se echa al frente, se pone el flamenco de toda su vida y toda la tradición por montera y ya no había más estética que la que nos deleita desde la solera, la profundidad, la interiorización, la creatividad, el conocimiento, y todo desde un saber estar en el escenario con una cercanía al público y una simpatía que pocas veces vemos en un teatro. Tuvo la magia de convertir el espectáculo en reunión, casi en cuarto de cabales, en una intimidad y confianza tal que hasta llegó a aludir a un señor que le recordaba a Alberti, al que acababa de cantar por alegrías con la letra ya clásica en su repertorio “Si mi voz muriera en tierra / llevadla al nivel del mar…”.



El Pele, cantaor, como todos los de su estirpe de arranque y pellizco, no siempre está con estos mimbres, pero cuando lo está hay que agradecer ser testigo privilegiado. Ya nos ocurrió hace años, en una velada inolvidable, en el Salón de Grados de la Facultad de Filología de la Universidad de Sevilla. Aquello fue apoteósico, nos deslumbró (y a las doscientas personas que había allí). Puro Pele  puro, pues, aunque dijera que le daba igual el nombre del concierto, así como dónde pusiera el excelente acompañante a la guitarra Seve la cejilla. Aparente anarquía donde hay un trabajo de años, de siglos, de mucho trabajo desde la garganta al corazón, ese órgano desde el que decía que se entregaba. Y disfrutando como pocas veces le hemos notado a un cantaor. Plena comunión con su elenco (embobados y sonrientes los tenía de tanto cielo) y con el público que prácticamente llenaba la sala.



El Pele tiene muchas cualidades que ayer mostró como una dádiva: una cordialidad y simpatía entrañadas de sencillez, una entrega y recogimiento hacia dentro asombrosos, la creatividad que hace que cantes y letras antiguas, desde la malagueña a la soleá o las alegrías, suenen distintas en su voz, personal y marcada por la disposición al sacrificio, a la extenuación a favor de la permeabilidad emocional de su cante.




Primero inició Niño Seve la noche con un toque de minera, íntimo y evocador. Una nana personal y delicadísima nos subyugó con su letra y esos bajos que El Pele nos regala para contrastar con la bravura que a menudo muestra cuando hace falta. Seguiriyas sin sosiego, pellizcando, ahí se rebusca, se adentra, se adensa, y emociona porque se emociona. Malagueña y fandango de Cayetano Muriel para recordar aires de su tierra cordobesa. La soleá fue quizá lo mejor de la noche, aunque es difícil elegir: desde los estilos de Alcalá, Cádiz o Triana su cante suena, como decíamos, por pelerías, muy personal, puro Pepe puro, recortando y pausando como le apetece en el momento único.  Unas alegrías, como dijo, a su modo, ni mejores ni peores, brillantes, con la alusión a Alberti. Y para remate, las bulerías lentas, a golpe de guitarra, prestada de Niño Seve, con la intensa letra del poema “Alfonsina y el mar”, un prodigio de poema y de canción que en la voz de El Pele, guitarra en mano como decimos, sonó como nunca, con una entonación perfecta y una cálida asimilación emocional. Un bis por bulerías junto a Toñi Fernández dio fin a una noche de cante grande, eterno, traspasador, refrescante en una noche de junio en que, fuera, Sevilla ardía aún a más de treinta grados. Ya lo decía el programa: Este programa puede sufrir alguna alteración dada la naturaleza creativa del cantaor. Pues eso: creatividad, personalidad y dicha al comprobarla.
                                                                                              José Cenizo Jiménez
                                                                                       Fotos: Jaime Martínez. Cajasol